Dicen que la menta es como una mala hierba por lo resistente e invasiva que es, pero ya está bien que se comporte así para no tener que estar tan pendientes de ella. Va muy bien tener una maceta siempre en casa, ya sea para aromatizar un té moruno, condimentar el aliño de una ensalada, para elaborar cócteles o cualquier cosa que se os ocurra.
Para quien sea impaciente y quiera evitar el lento proceso de sembrarla, además de comprarla directamente en maceta (cada vez es más común que las vendan en floristerías) también puede experimentar reproduciéndola por esqueje.
¿Y cómo?
En algunos mercados y fruterías venden manojos frescos de menta, sin empaquetar. Estos manojos suelen estar sujetos con una goma de plástico. Cuanto más fresca esté la menta y menos tiempo lleve cortada, más eficaz será el esqueje que haremos. Entonces:
1. Seleccionamos la rama más firme y que mejor aspecto tenga y le hacemos un corte transversal hacia la mitad del tallo. La parte que nos interesa es la superior. El que el corte sea transversal hace que el tallo tenga más superficie para poder arraigar con la tierra.
2. Una vez hecho el corte, eliminamos las hojas de abajo conservando solo las de arriba, como si se tratase de un árbol. Por lo menos tenemos que dejar 6 ó más hojas. Ya tenemos preparado el esqueje. Ahora solo falta plantar.
3. Cogemos una maceta con tierra y enterramos el tallo de menta de tal forma que solo se vean las hojas. Es importante que el tallo no toque con el fondo de la maceta porque sino le costará echar raíces. Humedecemos bien la tierra, puede estar algo empapada, sobretodo los primeros días, para provocar su enraízamiento. Además, la menta es una planta que requiere más riego que otras hierbas aromáticas.
4. Para finalizar, podemos cubrir el esqueje con un mini invernadero casero hecho con la parte superior de las botellas de agua. Ésto la protegerá del viento y del frío ya que hasta que eche raíces, la planta es más delicada. No cerraremos con el tapón para que respire.
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.Al cabo de 10 días de haber plantado el esqueje, quise comprobar si había echado raíces, pues sino hubiese terminado por ir a parar a la taza del té. Así que la desenterré con mucho cuidado porque al principio son muy tiernas y finas (nada que ver con lo kilométricas y gruesas que se vuelven luego). Y… ¡eureka!, algunas raicillas se habían formado al pie del tallo. Quizás con esta acción haya sacrificado a la planta, pero como tiene fama de resistente… ya lo veremos. Así que la volví a trasplantar a otra maceta más grande para que esté a sus anchas y se puedan luego hacer muchos tés.



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